jueves, 20 de marzo de 2008

amanece en ballester


Lo acompañaba desde que cerraba la puerta cancel del petit hotel devenido en pensión hasta más o menos un cuarto del recorrido
en el 343.
Ella lo conocía desde hacía aproximadamente 7 años, lo encontraba casi siempre en el mismo horario.
Miranda al salir de su casa automáticamente prendía un pucho, por costumbre, ni siquiera por vicio
ya que no fumaba demasiado, pero ella era quien lo hacía sentir vivo.
El a veces le murmuraba, le silbaba, puteaba o solo bostezaba. Y hasta a veces se animaba
a cantarle algo -Tarragó Ros y Emilio Chamorro eran sus preferidos-.
Podría decirse que Miranda y la madrugada en Ballester tenían una relación especial
.

3 comentarios:

mann dijo...

Vas picando en punta paito eh, no paras de sorprendernos. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Te felicito por el blog y por tus trabajos. Un abrazo grande!
Quelo

fiel seguidora dijo...

no sé qué me gusta más, el diseño, el relato o, simplemente, ambas