miércoles, 2 de julio de 2008

sin pestañear


Ese mediodía Gianantuonni no tuvo opción, no le quedó otra que arrojarlo desde la altura de la silla hasta el suelo, sin antes buscar una servilleta de papel que terminó encontrando en el bolsillo de su pantalón, congestionada, producto de haber limpiado un resfrío o alergia.
Lo entretuvo mientras esperaba el momento oportuno.
No sabía si carraspear o era demasiado obvio.
Fue rápido.
Aunque algún comensal que pasaba sin rumbo reconoció esa seña pero supo hacerse el disimulado.
De la boca al suelo para terminar de morir aplastado por la suela de un mocasín.
Gianantuonni comía mas tranquilo, ese cacho de carne con puro nervio no lo iba a molestar nunca mas.