Atorado en el andén divisaba el porvenir era una noche de frío era un domingo de abril. Escuché desde lo lejos el eco de una bocina que aumentaba mi dilema si debía o no debía. ¿Y si me quedo y espero lo que me traiga la vida? ¿O en busca de sus ojos voy con la frente marchita? No encontraba barreras para detener una huída, los que escriben nunca frenan hasta encontrar una rima. Le diré que me arrepiento del delito cometido dos mil días sin sus besos seis inviernos sin su abrigo. "Nunca dejé de mirarte por eso te quiero conmigo", veo una luz, el tren viene con la luna de testigo.
Cuando las vueltas de la vida empezaban a marearlo, la liebre Raymondi, no quería andar tan acelerado. Por eso dudaba entre colgar los guantes o sólo bajar un cambio.
El poeta es un chamuyador nato, te engrupe con sus palabras, te halaga el oído, te ablanda los sentidos y te hace el verso. Juega con las palabras, les da belleza musical cuando sabe del arte de ponerles cadencia en la rima.
Y si en la timba dejase lo que me queda en la vida no busco ni que me entiendas o me tengas compasión, más bien me siento un cagón por no jugar otro juego eras mi fija en la vida y hoy me dejas sin remedio nunca más apuesto a par ni me planto en siete y medio.
Y si te querés marchar mientras me ablanda la siesta tratá de no despertarme aunque tal vez lo estaré, vos quizás no te des cuenta y me sentirás roncar pero es solo improvisar ya que no vas a quedarte andá nomás , no hagas ruido yo no quiero desvelarme.
Creyó que el whisky ayudaría a olvidar al amor de su vida, así fue que una noche se dispuso a borrar de su cabeza a Eugenia, también se acordó de olvidar a Deborah, Belén, Mónica, Mariana, Josefina, Estela, Cecilia y hasta alguna maestra de la primaria.
Pobre Hernán, lo único que se olvidó fue esa noche en un bar en no se dónde.
Los peces que saca siempre los devuelve al agua, lo único que McDougall puede matar es su tiempo, por eso recién empezó a fumar cuando quedó viudo. Las mejores horas con ella fueron en ese bote y ahora todas las mañanas solo sale a pescar algunos vagos recuerdos. Hace rato ya que McDougall no encarna la vida con lumbrí*.
Además de ser un buen actor, Jorge Nardino cree en el producto que vende. Por eso todos los lunes se toma una pastillita ON TOP! y empieza re bien la semana.
Vanesa es super simpática, además de muy linda. Ricardo es divertido y difícil para los amores. Esa noche, Vanesa le provocó un algo en la panza a Ricardo, fue después de varias copas, en un momento relajado y casi amoroso. Le contó que tenía 32 hijitos. El algo en la panza de Ricardo fue más parecido a seis patadas con carrera que a unas cuantas mariposas.
Sorpresa fue la que se llevó Marconi esa madrugada del 2 de abril, lo que había desaparecido era el kit con las cartas para trucos. Parte del público lo alentó un rato creyendo que era parte del show, pero hubo algunos que aprovecharon la mágica volada y reclamaron la plata.
Es la cuarta o quinta vez que cenan juntos, suelen quedarse largos ratos en silencio pero eso no molesta a ninguno de los dos. Lo peor que puede pasar es que a Isabel se le canse la vista, porque para Arturo esos ojos dicen mucho.
La cita es en Almagro una milonga y una flor, la facha casi oxidada rescatada del cajón. Tres dedos hundidos en Cheseline y un toque de Colbert Noir, la camisa bien planchada y una afeitada al ras. Esta noche es la noche aunque afuera llueve chaparrón, silbando un tango joven va en busca de su sol. La misión no es muy difícil, el chamuyo a rodar, que el nerviosismo no gane pisada que algún beso va a robar.